Es curioso observar cómo en la sociedad, es decir, todos nosotros, se ha pasado de valorar lo más natural, la cualidad más pura de un producto, a elaborar, procesar y convertir cada cosa en algo artificial. La comida, la cultura, el arte… todo. Los cantantes de antaño recibían los mayores elogios por las cualidades de su voz, los atletas por sus condiciones físicas naturales, la comida por la calidad y frescura de los ingredientes, y en la informática… ¿qué ha pasado?
Disfracemos la fuente
Tanto en ordenadores como en dispositivos móviles, la tendencia es a esconder la imperfección. Una aspiración lógica. Si nos mantuviéramos dentro de límites razonables, no habría problema en retocar nuestras fotografías o pasar un corrector ortográfico a nuestros escritos. Pero, como en tantas otras cosas, del…