Carmen Thyssen Bornemisza de Kaszon et Imprefalia Cervera tiene un rostro interesante, de mujer adulta. Rasgos naturales, eso tan difícil de contemplar ahora, no hay retoques ni en la nariz, ni en los pómulos, ni en la boca, ni un tatuaje, al menos a la vista. No sonríe mucho, supongo que por el nerviosismo de ser la primera vez que se enfrenta a las cámaras, pero se adivina que, si lo hiciera, en su mejilla derecha se marcaría un hoyuelo. Lleva la melena desmayada, sin marcar, y viste como lo que es: una chica de 18 años. Ni trajecitos de niña pequeña, ni de abuela. Será, como su madre, activa, inteligente, poderosa, pero sin haber tenido que pagar el alto precio de Carmen Cervera para conseguirlo.
EL ENIGMA DE SABINA…
