“José Fernando, qué ojos más bonitos tienes”, le decía a su hijo, embobada, Rocío Jurado. Una madre que hizo con José Fernando lo que no había hecho con Rociito, porque con la niña estaba al principio de su carrera, viajando y trabajando de noche, y la crio sobre todo su hermana Gloria.
“Voy a comportarme como todas las madres”, repetía ufana a sus amigos, y el primer día en que los pequeños llegaron a casa decidió bañarlos ella misma, pero dejó el cuarto de baño como una piscina y terminó empapada, lo peor para su garganta prodigiosa. Acto seguido, le compró al niño un traje campero y se lo llevó al Rocío. José Fernando se agarraba a la mano de su padre y le preguntaba, observando la aldea y sus…
