CON noventa y cuatro años, la Reina sigue tomando las riendas, aun en tiempos de pandemia. Las de la Monarquía, las de su familia y las de sus caballos.
De aquella primera clase de equitación, en 1930, con tres años, a este último paseo, con noventa y cuatro, en una imagen inédita de normalidad: la de Su Majestad a lomos de uno de sus ponis fell favoritos, ante las miradas de periodistas y curiosos asomados a las verjas de entrada a su castillo.
Llueva, granice o brille el sol, con público o sin él, Isabel II sigue cabalgando. Y, aun con sus problemas en las rodillas, lo hace con agilidad y sin miedo a una caída que, a su edad, podría ser mortal o dejarla muy debilitada. No es lo…