Un aeropuerto, un hospital, una central nuclear, una refinería de petróleo o un oleoducto. Si cualquiera de estas instalaciones sufriera algún ataque, países y personas podrían correr un grave peligro. Por eso se definen como infraestructuras críticas, dada su importancia vital para el desarrollo normal de cualquier país. Requieren, por tanto, de una seguridad especial y no solo para prevenir incidentes en su funcionamiento, sino también ante posibles ataques, ya que las consecuencias podrían ser devastadoras. Aunque sea baja, por ejemplo, la posibilidad de que un grupo terrorista tome el control de una central nuclear, ello no significa que sea imposible, sobre todo teniendo en cuenta que estas instalaciones suelen figurar como objetivos prioritarios. De ahí que muchos gobiernos mantengan en secreto cuáles son sus infraestructuras críticas y, por supuesto,…