En el sentido más amplio de la palabra El salto es una película de aventuras, aclara Benito Zambrano sobre la cinta que rueda entre Madrid y Tenerife. La emigración, en sí misma, es una aventura. Un viaje a lo desconocido. En este caso, una huida desesperada de la situación desastrosa de sus países de origen. Como cualquier relato de este género, los personajes del film se enfrentarán a dificultades y riesgos inesperados. Hasta llegar al gran momento épico, el salto de la valla de Melilla, la puerta al sur de Europa. Mi objetivo como narrador es que el público quiera que nuestros protagonistas lo consigan, que se cumplan sus deseos, resume el director de Solas, La voz dormida e Intemperie.
Pareja rota. Este thriller social, como lo califica el cineasta,…
