VEINTITRÉS AÑOS ANTES DE AQUEL DRAMÁTICO FIN, MARÍA ANTONIETA DE AUSTRIA HABÍA LLEGADO DE LA BRILLANTE CORTE DE LOS HABSBUR- GO PARA INSTALARSE EN LOS ESPLÉN-DIDOS APOSENTOS DE VERSALLES. Desde entonces, la joven y caprichosa princesa, hizo un viaje vital que pasó del lujo y la despreocupación a la madurez obligada provocada por la llegada de la revolución. Su figura, como reina, habría pasado desapercibida de no haber sido porque María Antonieta ostentó el triste título de ser la última reina de la Francia del Antiguo Régimen. Es más que probable, como apunta Stefan Zweig, que si su destino no se hubiera topado con la Revolución francesa, habría sido una reina más y “habría desaparecido por completo de la Historia de la Humanidad como todas las innumerables princesas, las María Adelaidas…
