El verano es la mejor época para disfrutar de los paisajes luminosos y floridos de la Provenza. De junio a septiembre, sus campos se tiñen de colores, como el amarillo de los girasoles que tanto pintaba Van Gogh, y los lilas y violetas de las fragantes hileras de lavandas, salpicadas de amapolas, iris y margaritas silvestres.
En el oriente de la región, el departamento de Vaucluse reúne campos de espliego y pueblos enteros dedicados a su cultivo. En Aviñón, su capital, nace una ruta floral de unos 40 km para seguir en vehículo, a pie o en bicicleta. Se dirige hacia la coqueta Saint Rémy-de-Provence, con etapas en Coustellet, con un Museo de la Lavanda, en la Abadía de Sénanque, precedida por un mar púrpura, y en el pueblo colgante…
