Paisaje riguroso, preciso, sumamente perfecto. Así son las colinas del Chianti, las montañas de la Lucchesia, los bosques de Pistoia, las crestas arcillosas de Siena. Vientre fértil, salpicado por ciudades, burgos, abadías y villas, Toscana es cuna de horizontes infinitos, lánguidos tonos pastel y líneas suaves que dibujan un perfil idílico.
Como escribió el novelista Curzio Malaparte, «un paisaje mágico donde todo es amable, todo es antiguo y moderno». Su delicada naturaleza nunca perdió su capacidad de inspirar a artistas, de Leonardo a Puccini y a Collodi. Y el arte nunca abandonó sus cascos urbanos. Sin embargo, esa amabilidad se perdió a veces en sus belicosos y mordaces habitantes, siempre en lucha entre sí, y a menudo atraídos por leyendas oscuras y lóbregas tradiciones.
En constante equilibrio entre diafanidad y…