Espectacularmente guapa, como si fuera Cleopatra, bellísima y tranquila”, así se fue Silvia Tortosa el pasado sábado 23 de marzo en Barcelona, según nos cuentan los que no se separaron de ella hasta el final: su inseparable representante, Tony Aliaga, y sus grandes amigos, el bailarín Chema Marín y Ana Congost. Acababa de cumplir 77 años. Silvia murió sedada y sin saber que el cáncer, que ya padeció en 2019,–habló de él por primera vez en LECTURAS–, había regresado e inundaba su cuerpo. Nadie se lo contó. La actriz llevaba tres meses apartada de todo. Una depresión había podido con esa energía, esa fuerza y esa tenacidad de la que Silvia siempre presumió. Se trataba en Barcelona, donde, tan solo unos días antes de su muerte, ingresó en una clínica…
