Nunca es fácil seguir los pasos de una madre famosa. Cuando esa madre es Kate Moss —supermodelo, ícono y una de las figuras más influyentes de la moda británica—, la presión por triunfar debe de ser inmensa. Considerada por muchos como la modelo británica más conocida y querida de su generación, Kate ha trabajado con todos los grandes del glamoroso gremio, incluidos Karl Lagerfeld, John Galliano, Tom Ford y Vivienne Westwood. La semana pasada celebró su 52º cumpleaños y, aunque el tiempo pasa, sigue siendo muy solicitada: su longevidad es tan legendaria como su belleza singular y descentrada. En estas circunstancias, nadie habría reprochado a su única hija, Lila, que hubiera decidido alejarse por completo del modelaje para dedicarse, por ejemplo, a la contabilidad. Menos «glamour», sí, pero al menos…
