Cuando el humo de los disparos se disipó, tomó forma ante los ojos de sus ejecutores la imagen de los cuerpos sin vida de la familia Romanov: el zar Nicolás II, la zarina Alejandra y sus cinco hijos, Olga, Tatiana, María, Alexei y Anastasia. Se decía de ellos que eran una familia feliz y fuertemente unida. Pero siglos de hambre y opresión habían extendido un profundo sentimiento antizarista en el pueblo ruso. Ante el peligro de una conjura monárquica, el gobierno bolchevique ordenó su ejecución. Sin embargo, al no encontrarse sus cuerpos, el misterio del destino de los Romanov se cubrió en tinieblas durante casi un siglo. Los cuerpos no se encontraron, y fueron exhumados, hasta 1991. En todo ese tiempo, una leyenda aseguraba que Anastasia había sido la única…